Tenía ocho años cuando lo conocí.
Era una tarde de abril y el cielo amenazaba con llover. las clases ya habían
terminado, mi madre aviso que no vendría a recogerme, entonces decidí irme con
mi amiga Avril. Llevábamos caminando dos cuadras cuando por una de las esquinas
apareció un grupo de niños, que venían empujándose y ocupando toda la vereda,
de pronto uno de ellos cayó al suelo; sin darme cuenta corrí a ayudarlo, tenía
ensangrentada toda la rodilla, lo ayude a levantarse y lo senté en la vereda,
sus amigos miraban asustados la escena; le dije que no se moviera.
- ¿Cuál es tu nombre?- me
pregunto
-Milagros- respondí- agregando
que no se moviera- mientras sacaba alcohol de mi mochila.
-debes tener cuidado, mi mamá
dice que las cicatrices son feas y tú tendrás una bien fea, le decía mientras
curaba la herida.
-¿Por dónde vives?-volvió a decir
- San Gregorio y¿ tú?
- San José y me llamo Alberto-
agrego
- Bueno tu herida esta curada y
puedes irte. Debes tener cuidado la próxima.
Se levantó, se me acerco y me dio
un beso en la mejilla, con ese beso sentí algo muy especial, difícil de
explicar. Lo vi alejarse. Los días pasaban y no nos volvimos a encontrar.
Un mes después papá anuncio que había
encontrado un amigo de años, y vendría esa tarde con su familia a almorzar.
Llegue de clases y lo vi ahí, si era el, el niño a quien había curado la herida
de su rodilla.
Vete a lavar las manos y
siéntate- me dijo papá- que quiero presentarte a mi amigo y a su familia-
agrego.
Ese día lo vi por segunda vez,
sus padres y los míos, tenían mucho de qué hablar así que se pasaron de horas
en la casa. Esa no fue la única vez que vinieron a casa, las reuniones se
hicieron continuas y él y yo nos convertimos en buenos amigos. Él me veía como
amiga, pero en mi interior yo empezaba a sentir algo más que una amistad... Tenía
ocho años.

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